domingo, 5 de junio de 2011

Un gato ruso llamado Peach



El despertador logra interrumpir mi sueño con su continuo sonido agudo e insoportable al oído humano. El que inventó el  despertador y pensó en una campana en miniatura estaba demasiado equivocado si lo que quería era que la gente de despertarse de buen humor. Despertarse, por supuesto. ¿De buen humor? Su madre.
Tanteo con la mano la mesa auxiliar que hay al lado de mi cama pero lo que consigo es tirar el despertador al suelo con un sonido estruendoso. Por lo menos he conseguido que deje de sonar, algo es algo. Y además, lo que yo quiero es silenciarlo por lo que teóricamente debería dar saltos de alegría por haberlo logrado. Pero la idea de que son las cuatro de la mañana y debo acudir al hospital en mi primer día como interno evita que dé esos saltos. No espero que todo sea un camino de rosas ni mucho menos, aunque las rosas tengan espinas. Más bien me lo tomo como una pista americana en la que estaré a prueba todo el tiempo y descubriré cuan inútil soy.
Saco una pierna por el filo de la cama y la poso sobre el suelo, “Bien Nolan ahora solamente debes sacar la otra pierna y estirarte”. Me muevo lentamente aprovechando hasta el último grado que se refugia entre mis sábanas, para no afrontar la cruda realidad. A pesar de estar en septiembre hace un poco de frío, entre otras cosas porque son las cuatro de la mañana. Me restriego los ojos y acabo por destaparme por completo, a los pocos segundos me arrepiento de haber llevado a cabo dicha acción. Me rasco la nuca y voy al baño para una ducha matutina que logre despejarme del todo. Mis pies descalzos se dirigen al baño arrastrándose y en cuanto entran en contacto con el frío mármol que forma el suelo, se arrepienten de no llevar un par de calcetines.
No tardo más de diez minutos en la ducha en los cuales maldigo a mi hermana por dejar el grifo en la dichosa marca azul, que indica que el agua saldrá fría, en la cual jamás me fijo. ¿Por qué? Porque todo el mundo es tan caritativo como yo y siempre lo deja en el centro, está claro que mi hermana no es de mi sangre. Me envuelvo en la toalla y regreso a la habitación para coger la primera camiseta del armario y los vaqueros de la suerte más esas converse de toda la vida que tienen más agujeros que tela. Me miro en el espejo y revuelvo mi pelo castaño, haga lo que haga va a acabar despeinado. Conclusión: No vale  la pena peinarse.
Bajo las escaleras con el modo silencioso encendido y cuando llego a la cocina tanteo la pared en busca del interruptor. Y cuando se hace la luz, sí, soy Dios, la silueta de mi hermana casi me provoca un ataque al corazón. Lo normal para una niña de dieciséis años es que  a las cuatro y cuarto de la mañana no haya gato en celo que pueda despertarla, pero es que la pobre no es normal, lo digo con el cariño de un hermano.
-Sé que quieres matarme, pero habría funcionado mejor si tuvieses un cuchillo en la mano y no un bol de cereales integrales-le digo dirigiéndome al armario que hay sobre la encimera para coger un croissant que había quedado del día anterior. Me giro sobre mis talones para coger la cafetera pero no está, se me acaba de aguar la fiesta-. Jude me has jodido el baile matutino.
Ella se limita a encogerse de hombros, la miro de reojo intentando averiguar qué es lo que le ocurre. Doy ese par de pasos que me ha faltado para alcanzar la cafetera, es la costumbre. La cafetera siempre está a mi derecha, es decir siempre la cojo después de coger el croissant que nadie quiere, pero a la señorita madrugadora parece ser que le ha dado por hacer café. Vierto el café, aún caliente, en mi taza blanca y pintarrajeada por mi yo de cinco años. Dejo la taza sobre la mesa de la cocina y pongo el croissant en el tostador, para luego sentarme a esperar el característico “clinck” que produce el temporizador de este. Sujeto la taza entre mis manos calentándolas con el calor que desprende el café y miro a mi hermana de reojo. Su flequillo cae por su frente tapándole los ojos y el resto de su pelo castaño oscuro se agrupa en una trenza totalmente deshecha. Tiene la mirada perdida en algún punto de su cuenco de cereales ya vacío y los labios entreabiertos y resecos. Los dedos de su mano derecha aferran con fuerza la cuchara y su mano izquierda se esconde en la manga de una vieja sudadera de los Dodgers, que usa como pijama junto con un pantalón de baloncesto de los Lakers.
-Jude, creo que deberíamos comprar ese disco de Lady Gaga que llevas pidiéndome tres meses-comienzo a hablar para comprobar si está en la tierra o en su propio planeta-. O quizá ese disco nuevo que ha sacado Rihanna… ¿o el de Black eyed peas?
Pero ella permanece en la misma posición en silencio, niego con la cabeza. Le pasa algo, seguro, porque ella en su estado normal habría comenzado a gritarme y me habría dado un puñetazo antes de haber acabado la primera frase. Miro el reloj de la pared que marca las cuatro y veinte para luego escuchar el sonido del tostador y levantarme para untar mantequilla y mermelada de frambuesa sobre el croissant solitario que nadie quiere. Me vuelvo a sentar y me percato de que esta chica no se ha movido ni un milímetro. Le golpeo en la mano, quitándole la cuchara, y alza la mirada sobresaltada.
-¿Qué te pasa?-digo, no quiero andarme con rodeos.
Ella titubea y mira el lugar de la mesa donde ha caído la cuchara, escondiendo la mano derecha en la sudadera y volviendo a mirarme con su mirada perdida. Tiene los ojos hinchados como de haber estado llorando toda la noche, las mejillas enrojecidas y tres cortes perpendiculares horizontales en su mejilla izquierda. Cierro los ojos asimilando todo aquello y me llevo las manos al pelo presionando con las yemas de los dedos sobre mi cabeza. Cuando vuelvo a abrir los ojos ella ya ha agachado la cabeza de nuevo y se esconde tras su manto de pelo, no se me ocurre más que reprenderle con sarcasmo:
-Tú no pienses, no, destrózate tu vida, no hables Jude, claro no hables con nadie porque nadie te va a comprender porque tu vida es muy difícil-aprieto los dientes y me controlo-. Mira Jude…
Pero ella frunce el ceño y me mira con cara de no comprender lo que está pasando:
-Nolan, tranquilízate, ha sido Peach esta noche-suspira.
Peach, ese gato de color ceniza y ojos verdes que siempre mira con cara de malas pulgas, creo que eso ocurre desde que le pisé la cola hará dos años, aún me guarda rencor. Alzo una ceja, ¿se cree que soy estúpido?
-Sí, ya… yo te creo-bufo molesto, no hay nada que odie más en este mundo que la mentira.
-He cortado con Marc-murmura.
-Y no solamente con Marc-mascullo bebiendo un largo trago de mi taza de café, con el cual me quemo la lengua pero poco me importa en estos momentos.
-En serio Nolan te juro solemnemente que no me he cortado-dice sosteniendo mi mirada muy seria.
Me muerdo el labio superior no sabiendo muy bien qué pensar, mi hermana jamás ha sido una niña depresiva ni mucho menos, tampoco se ha cortado jamás y… Venga ya, esa mirada me puede. Asiento con la cabeza.
-Pero te estoy vigilando-digo dando por zanjado el asunto y dando otro trago al café solo. En escasos tres minutos acabo de desayunar mientras Jude me sigue con la mirada sin decir palabra. Una vez termino, me levanto y le digo:
-Vuelve a dormir, descansa un poco antes de ir al instituto. Lo necesitas, tienes un aspecto horrible.
Asiente y sonrío de lado aún confuso por lo ocurrido, le revuelvo el pelo y susurro:
-Dime donde vive el tal Marc, quiero una de esas peleas adolescentes de: “¿Qué?¿eh?”
Ella sonríe y niega con la cabeza levantándose de la silla y alejándose por el pasillo en silencio con sus piececillos, de la talla treinta y siete, descalzos. 

3 comentarios:

  1. No puedo comentarte mucho, desgraciadamente, debido a que es muy tarde, estoy muerta de cansancio, el ordenador me hace tonterías y encima me voy a quedar sin batería. Lo bueno de todo esto, es que sin embargo, voy a comentarte y decirte que me encanta volver a leer una entrada tuya más extensa, y del mismo estilo de escritura. Eso sí, cambiando completamente el registro.
    Me encanta el toque que le das a la historia con Nolan, y odio comparar a Jude con cierta persona que conozco (¬¬) jaja, pero considero que eso es lo mejor que has hecho. Dado a los acontecimientos de esta entrada, quiero leer más y saber cómo seguirá el camino de los protagonistas, ya que no me queda muy claro por dónde irán los tiros.

    De momento, me encanta *-*

    Un beso^^

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  2. Buenaaaaaaaaaaaaaaaaaaas!!! :D
    He tardado, pero algún día tendría que comentarte por primera vez ^^ xD
    Decir que me ha parecido un buen relato (haber que pasa en la segunda parte) pero pecas quizá de falta de fluidez en la narración, creo que das demasiados detalles de lo que hacen los personajes, y eso lo hace un poco denso...
    pero vamos, que está bien escrito y que leeré la segunda parte! =)

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  3. Muchas gracias, sí es que doy demasiados detalles pero es mi forma de escribir, me enrollo mucho con unas cosas y muy poco con otras, es algo de lo que peco demasiado: describir. Tengo que repartir un poco más el diálogo y las descripciones.

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