lunes, 4 de julio de 2011

Yo soy Worthman, Nolan Worthman.



Mi colega Thompson deja de caminar y yo como voy enfrascado en las vistas que tengo enfrente, quiero decir en observar los preciosos cuadros que cuelgan de las paredes,  pues no me percato y choco con el de delante que parece un armario ropero con pelo rubio. Me da miedo que me gruña por lo que me limito a alzar las manos como si yo no hubiese hecho nada y vuelve a girar la cabeza hacia adelante.
-Tenéis los pijamas en el vestuario, cada uno tiene una taquilla asignada espero que sepáis encontrar vuestro nombre, cuando acabéis  os espero al final del pasillo.
Entran todos, el vestuario es eso, un vestuario, tiene varias filas de taquillas y un par de bancos de madera para sentarte y quitarte los zapatos, vamos lo de siempre. Busco mi taquilla que está justo debajo de la de Laura, la cual está cogiendo su pijama mientras yo me limito a cruzarme de brazos y dirigir algún que otro vistazo a los bolsillos traseros de su pantalón. Creo que la pobre Watson debería plantearse cambiar de taquilla, pero por mí todo bien, me gusta que su taquilla esté encima de la mía, pero no es porque tenga buenas curvas ni por tonterías de esas, sino porque así podré entablar conversación.
El armario ropero vestido con el pijama azul me hace demasiada gracia como para no evitar que me ría, pero él me ve y me pregunta sin ataduras:
-¿Eres gay?
Finjo que hay alguien detrás de mí y  miro hacia atrás para luego fruncir el ceño y señalarme a mí mismo:
-Supongo que para tu desgracia no, pero seguro que por aquí hay alguno de tu tipo no te preocupes, hay muchos médicos.
Sonrío de lado saboreando mi victoria… Hasta que me doy cuenta de que parece bastante enfadado y si no llega a ser porque el chico de pelo castaño, que parece tener dieciocho años, se interpone y habla, quizá en estaría muerto:
-Ey bajad los humos ya, en serio ¿no pensáis? Es vuestro primer día aquí y ya estáis a punto de pegaros mutuamente. Soy Danny Lynn-dice a modo de presentación mientras e termina de poner la camiseta.
El ruido de la taquilla al cerrarse tras de mí, me sobresalta para luego girarme y observar a Laura con el pijama ya puesto. Chasqueo la lengua mentalmente, porque tenía planearlo verla en ropa interior, pero  al fijarme mejor en la ropa me doy cuenta de que lleva la camiseta debajo de la camisa azul que forma el pijama, y me tranquilizo. Ya lo hará en verano.
-Laura Williams-dice únicamente para luego girarse hacia mí y alzar una ceja- y tú Worthman no te creas que no te he visto mirándome el culo.
Me llevo una mano al pecho fingiendo culpabilidad y me muestro herido:
-¿Yo? Mentira- me agacho y me giro hacia mi taquilla cogiendo el pijama y prosigo-Imposible, no me has podido ver porque estabas de espaldas.
Me cambio con rapidez en el tiempo que ellos se ponen la bata y se cuelgan el fonendoscopio del cuello, para lo cual yo tardo la mitad que ellos. La gente de este hospital deberá comenzar a saber que yo soy supersónico. Meto mi ropa en la taquilla toda hecha una bola y la cierro para salir con ellos del vestuario y decir con el modo egocéntrico encendido:
-Pues yo soy Nolan Worthman pero eso ya debéis saberlo.
-Rubens Silack-me dice el otro chico que es más o menos de mi estatura y lleva gafas de pasta negra , como diría mi hermana de nerd, que parece que ahora están de moda, que agrandan unos ojos verdes ya grandes de por sí y con el pelo negro como la boca de un lobo. Este es el único capaz de extender la mano para presentarse por lo tanto se la estrecho.
Podría decir alguna frase graciosa como “cuidado no te hagas daño”, pero ya quedaría como un egocéntrico y un creído y es lo último que soy, pero cuando me pongo nervioso no puedo evitar ser de esta forma.
Caminamos por el pasillo, que por cierto es largo sin lugar a dudas y me comienzo a preguntar por qué me metí en cirugía. Thompson nos espera a la vuelta de la esquina mientras nos dice:
-Pasaréis las próximas 72 horas dentro del hospital, quien decida abandonar el recinto quedará automáticamente expulsado del programa. Aclarado ya todo, debéis saber que todo cuenta desde este mismo instante-nos examina uno a uno  y añade-. Bien. Cada uno de vosotros tiene un historial clínico de un paciente con los correspondientes análisis e informes necesarios para un correcto diagnóstico y posterior tratamiento. Esos pacientes dependen de vosotros, serán vuestra prioridad y debéis de haberlos tratado antes de finalizar vuestro primer año, si es que no se han muerto antes. Por lo tanto os deseo suerte y que me sigáis para comprender que la medicina no es un juego.
Me muerdo el labio mientras se me viene a la cabeza la típica imagen de película de un niño pequeño diciendo: “Yo de mayor voy a ser médico”. Pero claro ese niño no sabe las responsabilidades que conlleva ser un médico, ni la cantidad de muertes que pueden cargar a tu espalda o las vidas que puedes salvar que dependiendo de la especialidad pueden ser bien pocas o por el contrario numerosas. Los enfermos suelen ver a los médicos como los salvadores o sabios de la tribu que tienen pociones mágicas o quizá una varita que acabará con su dolor ( y no me refiero a la morfina que todo el mundo piensa que es todopoderosa). Los médicos al fin  y al cabo somos personas, no somos máquinas de salvar ni tampoco somos unos asesinos cuando una vida se nos escapa de los bisturís. Y ya estoy yo hablando como un médico profesional cuando mi residencia acaba de comenzar, la verdad es que me meto demasiado en los personajes aunque lleve apenas cinco minutos con el pijama y el fonendoscopio al cuello. Quizá el fonendoscopio otorga algún tipo de superpoder.
-Ahora os llevaré a conocer a vuestros pacientes y dentro de dos horas quizá os llame para alguna urgencia o para… en realidad para lo que a mí me plazca.
Qué majo que es el hombre ¿no? Y ahora que lo pienso ¿cómo se llama el armario ropero que me sigue mirando de reojo con ganas de pegarme al salir de clase? En mi época de instituto yo era la clase de chico que sino tenía una pelea el viernes a la salida del instituto era porque se había puesto enfermo, bueno, quizá exagero un poco. Volviendo al tema del armario ropero creo que su apellido es Watson, pues así se llamará. El pobre chico como indica su apellido ha nacido para ser un segundón y estar a la sombra de Sherlock.
Thompson comienza a andar dirigiéndonos por los complejos pasillos del hospital, subiendo escaleras hasta el tercer piso y entrando en una habitación en la que hay un hombre mayor en una cama y una médica a un lado de la camilla hablando con el paciente. Sin interrumpir la delicada conversación que mantienen el paciente y el médico, Thompson mira a Laura y le indica que ese es su paciente, por lo que la dejamos a ella y continuamos nuestro camino perdiendo a los miembros del grupo por el camino, hasta que finalmente quedo yo con Thompson subiendo hasta el sexto piso en silencio. Me da una palmada en la espalda al dejarme frente a la puerta de la habitación de la tal Mia. ¿Por qué me ha dado una palmada en la espalda? Esto me da mala espina, no me gusta que me den palmadas en la espalda y que para colmo no me entere.
Abro la puerta y me encuentro con…¿qué?

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